La apuesta por el Talento

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Apuesta por el talento

Desde los años 90 la cuestión de la Gestión del Capital Humano, o Gestión del Talento, ha sido una cuestión ampliamente abordada en el ámbito de las organizaciones y más concretamente dentro del mundo empresarial.

A día de hoy, resulta impensable la idea de cualquier compañía que no tenga implementada, en mayor o menor medida, una política para detectar, búsqueda, atraer, seleccionar, capacitar, desarrollar, retener, promover y movilizar a sus empleados en función de sus capacidades profesionales y su potencial de crecimiento.

En los Departamentos de Recursos Humanos se trabaja siembre manteniendo el rumbo que marca la brújula del Talento, construyendo y ejecutando procesos diarios que comprometan a todos los miembros de la organización en esta tarea.

Los Sistemas de Evaluación del Desempeño, además de para medir nuestra productividad, están diseñados para el propósito de ofrecer un diagnóstico lo más preciso posible del potencial de cada uno y sentar las bases de un programa de mejora y capacitación.

Seguramente tú, que estás en estos momentos leyendo estas líneas, tienes plena conciencia de la importancia de este concepto en la empresa, ya que son muchos años de recorrido los que tiene la Teoría del Capital Humano.

De hecho, no es mi objetivo volver a tan manido tema, ni descubrir los beneficios que reporta a nivel económico (productividad, costes, tiempo, capitalización…) y personal (satisfacción, motivación, crecimiento, autoconfianza…), sino compartir de esta forma la convicción de la existencia de una “Autoconciencia del Talento” que en determinadas ocasiones está por descubrir.

Apostar por el Talento no significa únicamente que la empresa a la que pertenecemos diseñe los mecanismos para la correcta gestión del mismo y que los ponga en práctica. El camino correcto comienza un paso antes, en el que nosotros tomamos conciencia de nuestros puntos fuertes y nuestras capacidades con el objetivo de desarrollarlas, de extraer nuestro verdadero potencial y desarrollarnos a nivel humano y profesional.

Si por cualquier razón dejamos de ser sujetos activos que apostamos por nuestro talento y, corremos el riesgo de caer en el estancamiento y, lo que es más grave, en la mediocridad.

Y no hay nada peor que eso. Lo decía el sociólogo italo-argentino José Ingenieros en su libro “El hombre mediocre” en 1913: “El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente. El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las conveniencias y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos".

Y nosotros apostamos por el talento

 


 

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