Lo perfecto es enemigo de lo bueno

Lo perfecto es enemigo de lo bueno

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Esta es la traducción aproximada de la famosa frase del filósofo Voltaire “Le mieux est l’ennemi du bien” (Literalmente “Lo mejor es enemigo de lo bueno”), dando a entender que en todo proceso o actividad humana se hace necesario encontrar un equilibrio razonable entre el objetivo pretendido y los recursos utilizados en su consecución. La búsqueda de la excelencia, además de loable, es un hecho altamente positivo …

Bombilla Planta

Esta es la traducción aproximada de la famosa frase del filósofo Voltaire “Le mieux est l’ennemi du bien” (Literalmente “Lo mejor es enemigo de lo bueno”), dando a entender que en todo proceso o actividad humana se hace necesario encontrar un equilibrio razonable entre el objetivo pretendido y los recursos utilizados en su consecución.

La búsqueda de la excelencia, además de loable, es un hecho altamente positivo y necesario en un entorno profesional enormemente competitivo, donde sobresalir de la “masa gris” aportando un factor diferencial es imprescindible para alcanzar el éxito, que no es sino el llegar a ser un elemento que, dentro de la organización, a través de un proceso de generación de valor añadido, contribuya de forma sustancial a la consecución de los objetivos globales de la misma.

Desafortunadamente, en muchas ocasiones, esta búsqueda de la excelencia se desvía por los derroteros de la obsesión por la perfección o, dicho de otra forma, en la fórmula básica de todo proceso económico (o de toda relación de transacción en general),

Beneficio = Ingresos – Gastos

El necesario valor de la eficiencia se diluye en un sinfín de actividades que se convierten en un auténtico lastre y que incrementan el valor de la “G” de la ecuación, disminuyendo por tanto la “B”.

El concepto de la Perfección es bastante ambiguo y podríamos estar horas debatiendo acerca del mismo. La eficacia y eficiencia son valores cuantificables, en especial cuando nos referimos a un entorno empresarial.

El mundo del Desarrollo de Software, es un claro ejemplo de la apuesta por maximizar el valor de la fórmula Bº=I-G :

Las metodologías ágiles tienen muy presente el razonamiento del filósofo francés y procuran enfocar los procesos iniciales hacia la problemática general, en vez de perderse en un sinfín de ramificaciones, excepciones o casos singulares sobre la materia implementada. Es posteriormente en sucesivas fases evolutivas, una vez la aplicación está en producción y siendo usada, cuando se van abordando estas particularidades que se salen del común denominador.

En el sentido opuesto, las metodologías clásicas siempre han defendido la idea de abordar todos los detalles antes de cambiar de fase. Esto general unas especificaciones y procesos mucho más complejos y lentos.

Esta visión es extrapolable a cualquier ámbito profesional, donde la importancia de apostar por la optimización de recursos, la calidad, entendida esta como la adopción de unos estándares y la adecuada gestión del tiempo se convierten en factores decisivos de éxito.

Es una sencilla cuestión de equilibrio.

Zona

Llega un momento, superada la “zona óptima”, cada incremento de calidad lleva aparejado un aumento desproporcionado de recursos consumidos.

¿Cuál sería el coste de la “perfección”? ¿Cuáles serían estos recursos?

Costo de tiempo: Los incrementos de tiempo dedicados a cada incremento de calidad están desproporcionados a partir de la “Zona Optima”. En el ámbito empresarial y de organizaciones, el tiempo se puede medir perfectamente en términos de coste, en función de las horas dedicadas por trabajador.

Desgaste Psicológico: Intentar mejorar algo que es difícil de mejorar implica un coste psicológico extraordinario al generar un trabajo monótono y repetitivo. Ello puede producir estrés y frustración en las personas implicadas.

Pérdida de creatividad: De la misma forma, la capacidad de generar ideas frescas, diferentes e innovadoras baja. Se pierde el estímulo que puede suponer enfrentarse a retos distintos y se vuelve a caer en la monotonía.

No dedicación a otras tareas: Obviamente, el exceso de tiempo dedicado a una tarea lleva implícito la menor dedicación a otras que, según los casos, pueden quedar desatendidas.

Por todo ello, debemos buscar la excelencia en todas aquellas tareas importantes que emprendemos. Pero la excelencia ha de ir siempre en paralelo con los criterios de eficacia y eficiencia. Ser excelente es sinónimo de ser productivo, optimizar recursos y cumplir con las expectativas que los “stakeholders” depositan en nosotros.

“El objetivo de construir algo es construir algo, no “no cometer errores” (Mark Zuckerberg)

 


 

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