Quo vadis: Filosofía del programador

Quo vadis: Filosofía del programador

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Resulta relativamente normal en cualquier ciencia, que se precie la asunción de ciertos elementos que se consideran correctos debido a la aceptación de la comunidad. Algunas de estas llegan a acumular tanto polvo que la perspectiva de una nueva idea no auspiciada por la comunidad, pero con visos de realidad, provoca un efecto reflejo de rechazo. Este hecho se está dando actualmente, no ya desde un punto de vista histórico, sino formal y práctico, incluso dentro del mismo concepto.

Resulta relativamente normal en cualquier ciencia que se precie la asunción de ciertos elementos que se consideran correctos debido a la aceptación de la comunidad. Algunas de estas llegan a acumular tanto polvo que la perspectiva de una nueva idea no auspiciada por la comunidad, pero con visos de realidad, provoca un efecto reflejo de rechazo. Este hecho se está dando actualmente, no ya desde un punto de vista histórico, sino formal y práctico incluso dentro del mismo concepto.

Quo vadis

Considerar que la programación orientada a objetos es más clara e intuitiva respecto al lenguaje ensamblador es algo que hoy nadie pone en duda. De hecho, reconsiderar nuevos conceptos tan simples en su forma como la mezcla de paradigmas ya no resulta objeto de discusión sino de estudio: por ejemplo, lenguajes funcionales que actúan en armonía con la programación orientada a objetos o lenguajes que recopilan sólo pequeños elementos de otros para engendrarse como GO, Ruby, Python… De hecho, cada vez resulta más habitual que un lenguaje coja elementos de otros y los incorpore de la forma que considere más apropiada.

Posiblemente nunca ha sido tan fácil como ahora generar un lenguaje de programación, solo hay que tener un (amplio, es cierto) conocimiento de los lenguajes actuales y entre todos ellos elegir las mejores piezas. Generalmente, estos suelen ser los lenguajes que mejor acogida tienen, ya que no implican el estudio de un nuevo paradigma.

Ahora mismo existen más lenguajes de programación que en toda la historia de la informática. Resulta curioso ver cómo el fenómeno marketing también afecta, haciendo que unos sean más populares que otros, quizás porque se han sabido vender mejor a pesar de no ofrecer nada realmente nuevo o porque operan sobre plataformas que son más dadas a remover las entrañas de los foros de desarrolladores. Se puede observar cómo este ecosistema se mueve constantemente, cada vez de forma más rápida, desde la liberación del core de .NET (interesante movimiento por parte de Microsoft) o el nuevo Swift que Apple pretende incorporar en sustitución de su añorado Objective-C.

Parece que en cierta forma, igual que antiguamente se pretendía atraer al cliente a una marca o producto en particular independientemente del desarrollo posterior, ahora el propio programador se convierte en cliente y a las marcas les interesa adoptar desarrolladores y que estos se integren en la comunidad de la empresa, desarrollando aplicaciones con las herramientas que éstas proporcionen. Posiblemente sea porque las marcas se han dado cuenta de que si el lenguaje no interesa el producto que lo use está condenado a desaparecer, tal como pudo comprobar Samsung con Bada, veremos cómo le va con Tizen en su pataleta contra Android.

Este hecho recuerda a cuando se abre un nuevo mercado, y ese mercado parece que son los desarrolladores que ahora mismo son los que más poder de decisión tienen respecto a qué plataformas y lenguajes usar. Parece que hay cosas que empiezan a cambiar y quizás no al gusto de aquellos que siguen intentando adivinar qué “magia” se esconde detrás de un .exe.

Yo, Arquitecto
Josu Uribe Sainz

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